Locales

Los vecinos de Pozo Azul estuvieron cara a cara con el posible asesino.

El acontecimiento causó conmoción en los vecinos por ser una colonia muy tranquila.

Los moradores del  municipio de Pozo Azul aún no logran salir del asombro y la consternación que les provocó el doble crimen del ex policía militar Elio Pereira De Mattos (65) y su esposa Inés Lima Dos Santos (55), ambos oriundos de Brasil, pero radicados en la provincia desde hace casi un año. 
Tal como publicó El Territorio en la víspera, el caso fue descubierto el martes por Lorisnei Dos Santos De Mattos (31), uno de los hijos del matrimonio. 
Los cuerpos se encontraban en el piso del dormitorio de la vivienda ubicada en Picada Diez, a unos cinco kilómetros de la zona urbana de Pozo Azul, cubiertos en parte con un colchón. Se estiman que los asesinatos fueron cometidos entre el viernes y el sábado.   
El acontecimiento causó conmoción en los vecinos por ser una colonia muy tranquila donde nunca antes se había conocido algo similar, siquiera algún hecho de robo. Además, la residencia donde ocurrió el desenlace se encuentra en una zona poblada, rodeada de otras viviendas e incluso de una escuela, la 759.
La pareja, oriunda de la ciudad de Barracão, perteneciente al municipio brasileño de Paraná -frente a Bernardo de Irigoyen-, se estableció en Picada Diez hace aproximadamente un año y aparentemente se dedicaban a la actividad agrícola. 
Según lo indicado por vecinos, durante todo este tiempo la pareja nunca registró inconvenientes o conflicto con los demás pobladores de la zona. Al contrario, fueron calificados como  personas “buenas” y “solidarias”. 

Cara a cara con el sospechoso
Las víctimas vivían solas, no tenían ningún familiar directo en el municipio y solían viajar constantemente a Brasil, por lo que los vecinos no sospecharon nada similar cuando notaron que el automóvil Nissan Tida de ellos no se encontraba en la vivienda y tampoco ante la presencia de un sujeto extraño que había aparecido por el lugar el sábado. 
Una de las personas que mantenía relación con la pareja, dialogó ayer con El Territorio y relató lo ocurrido el fin de semana, una experiencia en la cual pudo haber estado cara a cara, ni más ni menos, que con el asesino de los brasileños.  
“El sábado vino ese hombre extraño, estuvo con el vecino -por Elio-, tomaron mate y se quedó ahí en la casa. Mi esposo vino a verle a Elio y ese hombre que habló en portugués apenas abrió una ventanita para atender con la cabeza baja y le preguntó a mi marido qué quería. Él le dijo que quería hablar con el vecino a lo que el tipo respondió que no estaba y con el dedo señaló que fue a lo de otro vecino y que volvía en un rato, entonces mi marido se vino a casa”, narró Élida Correa (42).
El domingo a la tarde, en tanto, este vecino regresó para intentar hablar con Elio, pero en la casa ya no había nadie y tampoco se encontraba el automóvil de la pareja, por lo que la conclusión fue que habían viajado a Brasil, ya que nunca se movilizaban sin el vehículo. 
Según se pudo saber, el lunes Pereira debía realizarse un estudio médico en Brasil y al no asistir, intranquilizó a su hijo Lorisnei, quien se comunicó con otro vecino de Pozo Azul para preguntarle por sus padres, pero la respuesta fue que en la vivienda no había nadie. 
Esto terminó de preocupar al muchacho, quien decidió viajar  hasta Pozo Azul y se topó con el cruento escenario. 
“Mi hijo solía cuidar la casa cuando ellos viajaban, pero esta vez no nos habían avisado nada, nos enteramos ayer -por el martes- cuando el hijo de él vino corriendo a los gritos diciendo que sus padres estaban muertos. No podíamos creer lo que estaba pasando”, expresó Élida en otro tramo de la conversación. 
Y continuó: “Yo entré a la casa. Fue muy triste verlos ahí abajo, tapados los pies con los colchones y con la cabeza debajo de la cama. Había mucha sangre en la cocina, parece que ahí los mataron y los llevaron al dormitorio, pero no escuchamos ni tiros, ni gritos, nada. No sabemos por qué pasó o si (Elio)tenía algún problema en Brasil con alguien por haber sido  policía allá”.
Sobre el sospechoso sujeto que estuvo en la casa de las víctimas el fin de semana, los vecinos describieron que era de tez morena, alto y de contextura robusta, además de que hablaba en portugués.
El misterioso hombre habría ingresado caminando a la picada y habría utilizado el auto de las víctimas solamente para huir, ya que el rodado apareció abandonado en Dos Hermanas. 
“El sábado a las 9 me crucé con ese hombre cuando me iba para el lado de Pozo Azul a hacer una dirigencia. Era totalmente desconocido, tenía una gorra y se tapó la cara. Después no lo vi más por acá y resulta que estaba acá adelante de mi casa, cuando volví a eso de las 17 de ese mismo día, el auto ya no estaba en la casa, pensé que se habían ido a Brasil. Ayer -por el martes- yo volvía en moto y me encontré con el hijo de don Elio, llorando y diciendo que sus padres estaban asesinados en la casa. Di vuelta y avisé a la Policía”, recordó Roberto Lorenz (46), otro vecino de las víctimas. 
“Si fuera un robo, no hubieran abandonado el auto, para mí esto tiene que ver con alguna venganza de muchos años. No conocemos su pasado como militar y nunca hablamos ese tema con él, pero con nosotros era un excelente vecino”, se animó a conjeturar Lorenz. 
“Estamos muy angustiados, hace 16 años vivo acá y jamás pasó nada, ni un robo, y ver que pase esto frente a nuestra casa es algo que no podemos creer. Es muy triste que hayan muerto así, es algo que nos afectó mucho. Eran personas muy buenas, vos llegabas a su casa y no sabían qué más hacer para atenderte, los chicos de escuela tomaban agua en su casa, naranjas, y él siempre estaba mirando a los chicos jugar en la cancha”, expresó por último. 

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