Locales

Condenaron a los penitenciarios acusados de transportar marihuana

La droga era transportada en 26 cajas de madera pintadas de negro.

Fabián Emar Tévez (51). Distendido. La mayor parte del tiempo dibujó garabatos con una birome sobre el expediente, demostrando interés fugaz en lo que estaba ocurriendo únicamente cuando algún testigo mencionó algo que le interesaba. Presente, pero a la vez lejos. Se mostró nervioso momentos antes de la sentencia. Sobre el final habló y lloró. 

Julio Otto Schwarz (42). Inamovible. Con brazos bajos y dedos entrecruzados, atento a cada cosa que sucedía a su alrededor, como bastante mas consciente de su realidad. Escoltado por su  concubina que en todo momento le dio ánimos, sobre todo cuando lo vio angustiado. 

En medio de ambos, su abogado defensor, Gustavo Staude. Enfrente, el juez Juan Manuel Iglesias (como presidente) junto a sus pares federales de la ciudad de Resistencia (Chaco) Noemí Marta Berros y Roberto Manuel López Arango. Hacia la izquierda, los fiscales Vivian Barbosa y Pablo Ricardo Di Loreto, inquisitivos, pegados a la verdad. 

De esa forma se desarrolló en la víspera la segunda jornada del segundo juicio oral que condujo a prisión a los dos hombres citados inicialmente, alrededor de tres años después de haber sido absueltos del mismo delito en un debate similar que juzgó el protagonismo de 13 acusados de haber transportado 2.300 kilos de marihuana en un camión del Servicio Penitenciario Federal (SPF) hacia Buenos Aires. 

Se inició pasadas las 8.30 de la mañana y terminó cerca de las 21, con el fallo cuestionado por los condenados, pero que deberá ser cumplido una vez que quede firme: 7 años de prisión para Tévez y 3  años  y 6 meses para Otto Schwarz, como autor y partícipe necesario del delito de transporte de estupefacientes agravado por la cantidad de personas. 

“Vínculo probado antes y ahora” 
La fiscal Barbosa, que había pedido 8 y 6 años en su alegato,  dijo que recurrió la anterior sentencia absolutiva de ambos porque “la vinculación está probada, en el anterior juicio y en éste. No pudieron haber desconocido la maniobra”, e incluso, aseguró que a su criterio “Schwarz fue el que mandó al frente a la banda, rompió el pacto de silencio y los delató, en tanto que Tévez estaba al mando del camión y no podía desconocer lo que llevaba”. 

Por su parte, Di Loreto especificó más detalladamente los argumentos en los que basó el pedido de sentencia.  

En el caso de Tévez, se refirió a los llamados cruzados con los demás condenados que marcan -a su criterio- un vínculo muy cercano. “Era funcionario, no podemos creer que haya confundido esas cajas llenas de marihuana con artículos de electrónica de contrabando, como declaró en su momento. Colaboró con la carga de la droga en el domicilio de Eldorado, sabía lo que llevaba”, dijo. 

La droga era transportada en 26 cajas de madera pintadas de negro, que contenían 2763 paquetes. Según la acusación, Tévez llamó a su jefe (Hipólito Vallejos) desde el costado de la ruta donde había sido retenido el camión. Los gendarmes dijeron haber escuchado que le pedía “no me deje solo”. 

En cuanto a Schwarz, lo acusaron de haber trasladado la marihuana en el camión que utilizaba para una empresa distribuidora de pollos de Puerto Esperanza y de haberla ocultado en la casa de sus padres, donde fue cargada a las cajas de madera con grasa y embaladas con film plástico, para luego transportarlas en el camión del SPF. 

“No pueden ser juzgados dos veces” 
Staude, abogado defensor de los acusados, arrancó diciendo a este matutino que “este debate jamás se pudo haber realizado porque una persona no puede ser juzgado por el mismo delito, y no lo digo yo, sino que está escrito en el Código Penal”, por lo que, en consonancia con eso, adelantó que acudirá a la Corte Suprema de Justicia si es necesario.  

Pidió la absolución de sus clientes. “Si hubiese sabido lo que llevaba, no se hubiera sometido al control o habría tratado de eludirlo”, dijo en relación a Tévez.  Y acto seguido agregó que “no hay pruebas de que terminaron de cerrar los cajones en el galpón de la casa de la mamá de Schwarz, son suposiciones sin fundamentos que no corresponde tener como hecho objetivo. Las cajas se hicieron en lo de Samudio y llegaron armadas al lugar por obra de Zalazar, que es amigo de la infancia de Schwarz y le pidió prestada la llave por su cercanía a la ruta nacional y porque estaba preparada para maniobrar camiones, ya que su padre y él (por Schwarz) eran camioneros”. 

“El narcotráfico deja muchos dividendos, deja plata y ellos están en la lona. Siguen trabajando, sus conductas son distintas a la de los otros condenados, por eso fueron absueltos. Schwarz no sabía qué hicieron en la casa de su mamá y Tévez desconocía qué transportaba en las cajas, no participaron en nada de lo que hizo esa banda de narcotraficantes”, repitió. 

Cuestionó al final de su alegato que la fiscalía no apeló la absolución de Briñóccoli, cuando había solicitado una pena de 5 años por haber estado al lado de Tévez en el camión del SPF. “Fueron detenidos el mismo día, absueltos de la misma acusación, pero sólo uno estuvo bien y el otro no. Tévez llevo la carga sin conocimiento y Schwarz solamente le dio la llave en confianza a quien decía ser su amigo. Es así que pido la absolución de ambos”.

Inicio con testimoniales
 
El debate tuvo la comparecencia de seis testigos. Tres son integrantes de Gendarmería Nacional que tuvieron participación en los allanamientos que se hicieron en el inmueble donde se cree que fue acondicionada la marihuana en las 26 cajas de madera. 

Tanto el comandante Juan Carlos Páez como sus subordinados Ignacio Javier Coria y Luis Paulo Rubín recordaron detalles de ese operativo que permitió incautar la mayoría de los elementos constituidos como prueba: pinturas en aerosol, latas con grasa, herramientas de perforación y corte, como también vestigios de marihuana marcados por un can detector de narcóticos. 

Sonia Barrios, quien se desempeñaba en el área Suministros del SPF junto a Hipólito Vallejos (uno de los condenados), narró la modalidad de trabajo bajo las órdenes de éste, sobre todo con las mudanzas solicitadas por personas que no pertenecían a la fuerza. “En ese momento se hacía sin tener conciencia de lo que podía pasar, pero a partir de lo que pasó, nos dimos cuenta de que era grave”, manifestó ante los magistrados. 

También declaró Ramón Ortiz, ex jefe de Schwarz en la distribuidora de pollos. Contó que lo conoce desde hace alrededor de ocho años y detalló sobre los viajes que hacía hasta la ciudad de Reconquista (Santa Fe) en busca de materia prima. Dijo que un conocido lo recomendó, que fue “un buen chofer, conmigo no tuvo problemas ni en plata ni en mercaderías”. Fue un testigo que llevó la defensa, por lo que se esperaba una declaración consecuente con eso.  

El chapista José Luis González, oriundo de Eldorado, apenas se refirió a una serie de imágenes de un galpón allanado, debido a que fue testigo del operativo.

Palabras finales 
Otto Schwarz 
A Betros lo conocí por Zalazar y esa llamada que tuve con él era para conseguir autopartes. No tengo la necesidad de meterme en el narcotráfico. Tengo otra formación y me enseñaron a trabajar honestamente. 

Emar Tévez 
Están equivocados sobre mi persona. Nunca delinquí. No tengo nada que ver con ésto. Confié en una persona que me arruinó la vida, a mí y a mi familia. ¿Quién me paga el daño cuando me acusan, si no hice nada?. Soy un pobre infeliz. El único error que cometí fue obedecer la orden de ese tipo (por Vallejos) que era un delincuente mano derecha de Lázaro Báez, que tenía privilegios en la cárcel cuando yo no tenía ni ropa para ponerme. Perdí todo, lucho para tener bien a mi familia. ¿Qué me queda, agarrar un arma y matar a todos los que me trajeron acá?

El olfato del perro 
El 24 de mayo de 2011, la Sección Puerto Rico de la Gendarmería Nacional detuvo durante un operativo de control vehicular sobre la ruta nacional 12, a la altura del paraje Mbopicuá, un camión del Servicio Penitenciario Federal que circulaba en dirección hacia Posadas. 

Con el vehículo sobre la vera de la ruta, el perro adiestrado de la fuerza federal que estaba en el lugar comenzó a desesperarse, por lo que a partir de esa situación, los gendarmes solicitaron al Juzgado Federal de Eldorado la orden para requisar el vehículo, supuestamente afectado a una mudanza, según alegaron Tévez y quien lo acompañaba, Sergio Briñóccoli.La detención de ambos y el secuestro de la marihuana fue el inicio de la investigación que llevó a prisión a los otros once acusados de integrar la organización.

Las absoluciones anulada  
De los trece acusados de integrar la ‘banda de los narcopenitenciarios’, siete fueron absueltos el viernes 15 de mayo de 2015 por el Tribunal Federal de Posadas (entre los que estaba Tévez y Schwartz) y sólo tres recibieron penas de 12 años de prisión como partícipes del transporte de estupefacientes, a instancias del fallo de los jueces correntinos Lucrecia Rojas de Badaró, Fermín Ceroleni y Eduardo Belforte, subrogantes de los misioneros. 

Uno de ellos es Hipólito Vallejos, ex jefe de Suministros del SPF, y el otro, su subordinado Hernán Raúl Vargas, con el grado de ayudante de primera. Igual condena le correspondió a Juan Darío Betros, considerado cerebro de la banda y quien se autoincriminó asegurando que toda la droga era suya. 

El fallo también había alcanzado al comerciante Sandro Néstor Zalazar (25) con una pena de seis años de cárcel, en tanto que los hermanos Darío (47) y Javier Samudio (23), changarín y albañil, respectivamente, recibieron una pena de tres años y ocho meses de cárcel que fue conmutada por el período que pasaron en prisión preventiva hasta llegar al juicio, por lo que recuperaron la libertad pocos días después. 

Fue absuelto Tévez junto al sargento ayudante del SPF Sergio Briñóccoli (chofer y acompañante del camión que llevaba la droga), Julio Otto Schwarz (camionero), María Montiel (madre de Schwarz), Emilio Betros (padre de Juan Darío) y la novia de éste último, Virginia Samudio.  

En ese momento, la fiscal había pedido 8 años de prisión para Schwarz y 10 para Tévez, por lo que, disconforme, apeló la resolución del fallo ante la Cámara de Casación, que sólo anuló esas absoluciones y ordenó un nuevo debate con resultado contrario al anterior. 

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