Espectáculos

"La casa de papel": sin máscaras, los atracadores hablan del éxito

El viernes llega a Netflix la segunda temporada de esta serie española que causó furor en la Argentina.

l plan fue repasado cien veces. Hay mapas, una libreta de notas, un grabador y hasta pilas de repuesto. El lugar elegido es una hamburguesería poca cosa en el centro de Barcelona: un local insignificante, perfecto para pasar desapercibidos, donde apenas hay una pareja intercambiando tímidos arrumacos. La nieve y el retraso del tren desde Madrid no impiden el objetivo.

“Hostia, os pido disculpas”, ruega, y uno espera que esa versión sport del Profesor se cuelgue anteojos, los empuje con un dedo y empiece a describir otro robo perfecto, esta vez con este cronista como cómplice fundamental.

El actor español Alvaro Morte maneja los hilos de la charlacomo el personaje que lo consagró en el mundo entero. También lo hará Pedro Alonso, el artista detrás de Berlín, que cita a la salida de la estación Opera del metro de Madrid y aparece casi como una sombra, con muecas y una parsimonia idénticas a las del más siniestro de los atracadores que se volvieron furor con el éxito de "La casa de papel" en Argentina. Reunidos con Clarín, dos de los protagonistas de la serie creada por Alex Pina analizan la historia que siembra amor, odio y magnetismo antes de la salida de la segunda temporada en Netflix Argentina, el viernes a las 00.“Ha sido una cosa loca. Estoy encantado y al mismo tiempo abrumado. He llegado a recibir mensajes de gente en Turquía que está estudiando español, por ejemplo, para ver 'La casa de papel' en su idioma original”, cuenta Morte, y dice que grupos de argentinos lo paran todo el tiempo en Barcelona, adonde viaja casi todos los días para rodar una película de Warner en la que comparte staff con el Chino Darín. Y Pedro Alonso lo ratifica: “Es muy fuerte ver mi cara tatuada. O una bandera, uno de esos carteles gigantes, en un estadio de fútbol de Irán”.La serie toca una fibra íntima del imaginario popular: el robo perfecto. Conducidos por la mente brillante y estudiosa del Profesor, un grupo de peligrosos delincuentes se mete en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de España para dar el mayor golpe de la historia. Intentan imprimir sus propios billetes (2.400 millones de euros) sin herir a ningún rehén y cautivando el cariño de la opinión pública.

“La premisa primera del Profesor es ‘no le vamos a hacer daño a nadie -explica Alvaro Morte-. Esto no es un robo, vamos a entrar a hacernos nuestro propio dinero’. Eso nos guardaba un poco la espalda”. Y Alonso suma: “Ha habido una proyección con esto de ‘vamos a darle un golpe al sistema’ o ‘yo quiero ser un Robin Hood’, un ejercicio con el que todos hemos fantaseado alguna vez. La gente quiere ser de los malos, porque en realidad los que dicen ser buenos son los malos. Además todo tiene algo de ícono: vamos con máscaras, está el Bella Ciao, una canción partisana de resistencia contra el fascismo. La serie revivió esa resistencia frente a esa bota que te pisa de vez en cuando en la vida”.

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