Música

Con las mañas intactas y el pulso tembloroso

Primal Scream en Groove. Jueves 1° de marzo, en Groove. Intérpretes: Bobby Gillespie (voz), Andrew Innes (guitarras), Martin Duffy (teclados

Hace unos días, Primal Scream pospuso la fecha de un show en Nueva Zelanda para esperar la recuperación de Simone Butler, afectada por un problema de salud que se terminó extendiendo más de lo previsto y la obligó a bajarse de la gira actual de la banda escocesa. En el concierto de Auckland, Primal Scream se tomó el asunto con el mejor humor posible y la reemplazó con un maniquí vestido con ajustada ropa de cuero y apoyado contra uno de los bafles que había en el escenario. El maniquí no viajó a San Pablo y Buenos Aires, donde el grupo que hoy lideran Bobby Gillespie y Andrew Innes se presentó el jueves último, el mismo día que Patti Smith cautivaba al público que llenó el Centro Cultural Kirchner para verla. Pero Primal Scream superó el desafío que implicó la baja de Butler con entereza y una energía que fue de menor a mayor.

Luego de un arranque suave y psicodélico con "Slip Inside This House", el cover de "The 13th Floor Elevators" incluido en Screamadelica (1991), llegó "Jailbird", de Give Out But Do not Give Up (1994), un notorio cambio de temperamento respecto del disco más famoso del grupo y del que hubo otros dos temas el jueves pasado en la noche de Groove-Rocks y (I'm Gonna) Cry Myself Blind.

La selección del repertorio de esta gira está claramente destinada a mostrar las diferentes facetas de Primal Scream: su cara más deliberadamente stone, la cruza prodigiosa de rock filoso y acid house que patentaron hace más de veinticinco años, cuando el éxtasis inundaba las discotecas de todo el mundo, y la psicodelia futurista y politizada de XTRMNTR (léase Exterminator), distanciada del hedonismo de su obra previa y más centrada en una categórica voluntad experimental que puso en diálogo a MC5 y los Chemical Brothers con Miles Davis y Sun Ra: de ese álbum que abrió con rabia y provocación los años 2000 sonaron "Kill All Hippies", un soul-funk montado en una base rítmica superdotada, "Shoot Speed/Kill Light" y la invencible "Swastika Eyes", cuyo mantra tecnodélico hubiera crecido con una línea de bajo orgánica.

La ausencia de Simone Butler obligó a implementar un par de variantes de emergencia. La más evidente fue dotar de más volumen a las siempre pirotécnicas guitarras de Innes, que más de una vez sepultaron las teclas de Martin Duffy, particularmente los registros más altos de sus sintetizadores. Pero a medida que la performance de Gillespie, un frontman con una personalidad y un carisma extraordinarios, fue ganando en entrega e intensidad, la temperatura del show subió y contagió a un público muy conectado desde el principio. "Come Together" y "Movin' On Up" fueron un broche de oro para una noche sudorosa, cruda y cargada de groove. Nos recordó que Primal Scream supo, cuando recién arrancaban los 90, que la música es un mundo de fronteras borrosas y los estilos, apenas arcaísmos desprovistos de contenido y apoyados en la pura conveniencia. Aquella celebración vital y química que propuso Screamadelica, está claro, aún conserva intacto su poder narcótico.

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