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ULTIMO MOMENTO: MURIÓ EL INDIO SOLARI

El "Indio" Solari falleció a los 77 años tras una década de dolorosa lucha contra el Parkinson, dejando al rock nacional sumido en un luto eterno.

ULTIMO MOMENTO: MURIÓ EL INDIO SOLARI

El "Indio" Solari falleció a los 77 años tras una década de dolorosa lucha contra el Parkinson, dejando al rock nacional sumido en un luto eterno.

La música popular argentina se ha sumido en un luto espeso y definitivo. Tras librar una desgarradora batalla de diez años contra las garras del Parkinson, Carlos Alberto el “Indio” Solari ha fallecido a la edad de 77 años. El destino, implacable, terminó por vencer a la misma voz que alguna vez pareció inmortal. Aquella enfermedad, que el propio artista llegó a anunciar en sus redes sociales con una ironía que hoy se lee como un lamento anticipado, finalmente arrastró al abismo al máximo ícono del rock nacional.

El origen de la leyenda y el nacimiento de la misa

El viaje que hoy concluye en tragedia comenzó un 17 de enero de 1949, el día en que Solari llegó al mundo. Siendo apenas un niño, en la década del ‘50, el destino lo trasladó junto a su familia a La Plata, la ciudad que cobijaría su infancia y adolescencia. Fue en esas calles melancólicas donde el "Indio" cruzaría su camino con Skay Beilinson. De ese encuentro casi místico nació una alianza que cambiaría la historia para siempre: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una de las bandas más grandes e influyentes que el mundo haya visto nacer.

Pero el camino a la gloria estuvo pavimentado de sacrificios y desazones. El nacimiento de la masa musical que hoy llora su partida fue un ruego desesperado y artesanal.

Gulp! fue el primer grito de la banda plasmado en un vinilo; doce canciones que marcaron el doloroso inicio de una epopeya musical.

Nada fue fácil en aquellos años oscuros. Los propios músicos debieron deambular comercio por comercio, con los discos bajo el brazo, suplicando a los comerciantes que confiaran en un producto que el sistema miraba con desconfianza.

Aquel debut se grabó a fuego en 1984, bajo el amparo de los estudios de MIA (Músicos Independientes Asociados), propiedad de la familia Vitale. Fue allí donde Lito Vitale se sentó en los teclados y ofició de técnico de grabación, cobijando una producción completamente independiente que se financió con el sudor y el dinero recaudado en shows subterráneos. Voces hoy espectrales como las de Claudia Puyo, Laura Hutton y María Calzada en los coros, junto al saxo de Gonzalo “Gonzo” Palacios, quedaron atrapadas en esa cinta para siempre.

Ecos de un pasado que no volverá

El ya fallecido Willy Crook dejó grabado su saxo en aquellas composiciones fundacionales, un recuerdo que hoy resuena con una punzante nostalgia. Crook solía evocar la crudeza y el misticismo de esos días:

“El Indio siempre me decía que yo no sabía tocar. Para mí, el saxo era un instrumento que tocaban los esquimales o los astronautas. En dos semanas le pude sacar algunos sonidos”.

Para Willy, haber formado parte de ese génesis no era una cuestión de azar, sino un orgullo doloroso. “Fuimos fantásticos. No me interesa todo lo que vino después... Patricio Rey me dejó una filosofía: 'No hay un jefe pero hay que hacer bien las cosas'”, rememoraba, dejando en claro que el espíritu de la banda trascendía el tiempo.

Los Redondos habían emergido de las cenizas de La Cofradía de la Flor Solar en la Plata de 1976. Antes de consolidar el nombre que se convertiría en religión, el proyecto hería los sentidos con una propuesta caótica: no había miembros fijos, y cerca de quince músicos se turnaban los instrumentos en un ritual indomable. Finalmente, el peso creativo y el liderazgo absoluto recayeron sobre los hombros del Indio Solari en la voz, Skay Beilinson en la guitarra, y Carmen Castro —la mítica "Negra Poli"— sosteniendo las riendas como mánager. Aquellos primeros espectáculos eran experiencias sensoriales que desbordaban los límites de lo estrictamente musical, mutando en ceremonias de culto.

El destierro y el debut en el templo del rock

Incluso el gran hito de presentar su flamante disco estuvo marcado por el infortunio. La banda planeaba adueñarse del Teatro Astros los días 16 y 17 de agosto. Sin embargo, el destino les dio la espalda: Valeria Lynch sumó funciones a sus espectáculos y Los Redonditos fueron expulsados del recinto.

Condenados a la espera, los fieles tuvieron que aguardar hasta el 23 de agosto en un lúgubre sótano que la historia adoptaría como propio: Cemento.

Aquella noche fatídica, sobre el mítico escenario de la calle Estados Unidos, la formación integrada por el Indio Solari, Skay Beilinson, Semilla Bucciarelli, Tito Fargo, Willy Crook y el Piojo Ávalo desató una tormenta perfecta. Quienes estuvieron allí presenciaron, sin saberlo, el nacimiento de himnos que hoy quedan como el testamento de una era: "La Bestia Pop", "Superlógico", y canciones que en aquel entonces eran diamantes en bruto como "Nene, nena", "Rock del País" y "Un tal Brigitte Bardot".

Hoy, las luces de ese escenario se han apagado para siempre. La enfermedad silenció al profeta, la misa ricotera ha quedado huérfana y el rock argentino llora la muerte de su voz más desgarradora. El Indio ya es eterno, pero el vacío que deja es absoluto.

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